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lunes, 11 de mayo de 2015

Religión

        ¿Por qué se aburren los jóvenes en la Iglesia? 




Desde mi punto de vista, al igual que para muchos, es un tema complejo que posiblemente pocos jóvenes se hayan preguntado a sí mismos y por eso, sin motivo aparente dejaron de ir a la Iglesia.
Fijémonos en la etapa infancia-adolescencia, ¿ Un niño sabe describir a Dios más allá de lo que ha escuchado y le han hecho repetir varias veces? ¿Acaso sabe él lo que puede llegar a ser un contacto directo con Dios?. Tal vez y éste sea uno de los pasos de su huida poco más tarde; cuando nuestras conciencias alcanzan un nivel maduro dentro de la sociedad, una sociedad que muchos piensan que está corrompida, que el hombre ya ha hecho todo lo que tenía que hacer, que no puede venir más adelanto que el fracaso (…)

Hace unos meses un joven de mi edad me preguntó: ¿Por qué tengo que ser bueno con los demás cuando me han hecho miles de desventuras? 
–Porque te sentirás mejor contigo mismo y más idealizado, algo brotará en tu interior diciendo que has hecho lo correcto. Hasta ahí todo bien, pero de pronto apareció ¨Jesús¨ ¨el camino que él intentaría seguir¨ y entonces la gente huye … “ ya lo sé” respondió malhumorado, “no hace falta que me lo diga Él”.

Jesús no ha dicho nada nuevo, sino que nos mostró las pautas para hacer un acto bueno y no utilizar a las personas como medios sino como fin en sí mismas. Entonces … A qué tenemos miedo ¿A saber comportarnos como diría Jesús? ¿A que nos juzguen sabiendo que formamos parte de la iglesia? O ¿Quizás sea el concepto de institución eclesiástica que no sólo tienen los jóvenes sino también los adultos?
La iglesia te lava la conciencia” he oído decir alguna vez, ¿No será que te la limpia?
La iglesia no se hace amiga de quienes dudan” ¿No fueron los que dudaban hasta de sí mismos los que terminaron convirtiéndose?
¿Acaso no nos damos cuenta de que el culpable no es Jesús sino la sociedad desmoralizante que nos ha convertido en objetos antagónicos sobre otros a los que aún les queda una pizca de racionalidad?
Yo me considero parte de esta nueva generación de jóvenes que tanto habla el Papa Francisco “tienen que hacer ruido, que se note que somos cristianos y estamos patentes” le he oído decir más de una vez.
Nosotros, los que estamos manifiestos en esta generación no miramos la iglesia desde dentro como antaño. Que no nos pase como a la mujer devota que en su camino a la Celebración se encontró con vagabundos y gente necesitada a los que rechazó con impaciencia y al llegar a la puerta vio que estaba cerrada, mientras que mirando al techo avistó un cartel que decía “ Estoy ahí fuera”.

Pues bien, dicho esto, nosotros nos encontramos en la ¨obligación¨ interior de alejarnos de nosotros mismos para así encontrarnos con Dios; con el que sufre, el que padece, el que necesita ser escuchado …
A toda persona le llega un momento de vacío en el que sólo escucha golpes en su interior, ahí intentamos estar nosotros llevando a la práctica la teoría del Evangelio.
Hay mucha gente que nos echa en cara la riqueza de la iglesia ¿Qué riqueza? No hace falta irse demasiado atrás en el tiempo para saber que nada es suyo, que todo son donaciones que han recibido a lo largo de la historia y que como tal no pueden desprenderse de ellas y si fuera así … ¿ Qué sentido tendría desprenderse de todos los cuadros del Louvre? ¿No acabarían ennobleciéndose lo más ricos, los que tienen dinero para comprarlos?

A mí siempre me gusta responder con la frase del Evangelio que parafraseada dice así: “Nosotros no damos el pez directamente, sino que damos una caña y les enseñamos a pescar”. Sin dejar a un lado la oración y preguntándonos ¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿ Qué debo hacer por Cristo? No debemos olvidarnos de Dios, porque Él nunca se olvidará de nosotros.





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